
Hablemos claro, entre ciudadanos que buscan lo mejor para el estado de Michoacán. El proceso para la Coordinación de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación en Michoacán no es un trámite cualquiera; es la oportunidad de elegir quién cuidará el legado que se ha construido y quién liderará el «segundo piso» de este proyecto al lado de la presidenta Claudia Sheinbaum. En ese escenario, hay un nombre que destaca por su temple y resultados: la Doctora Gaby Molina.
Lo primero que hay que entender es que Gaby no es una figura que apareció ayer. Es una mujer de Uruapan, que conoció desde pequeña el valor del esfuerzo tras la pérdida de su padre y que se formó con la disciplina de una madre universitaria. Esa combinación de sensibilidad y rigor la llevó a ser Doctora en Gobierno por la Universidad Complutense de Madrid y licenciada por nuestra querida UMSNH. No es solo currículum; es una preparación de primer nivel puesta al servicio de Michoacán por 25 años.
Si algo necesita la transformación es que las convicciones se conviertan en leyes, y Gaby ya lo hizo. Como diputada, fue la arquitecta de las bases de igualdad en el estado, impulsando la Ley por una Vida Libre de Violencia para las Mujeres y logrando la tipificación del feminicidio. No se quedó en el discurso; trabajó para que el matrimonio igualitario fuera una realidad y para que los derechos de las familias en concubinato fueran respetados. Esa es la política que sirve: la que otorga derechos a quienes no los tenían.
Pero donde realmente se ve la madera de un líder es en la administración de los recursos de todos. En la Secretaría de Educación, Gaby Molina ha logrado lo que muchos veían imposible: poner orden con honestidad. Michoacán alcanzó el primer lugar nacional en combate al rezago educativo, logrando que 159 mil personas regresaran a las aulas. Y ojo con esto, que no es menor: la Auditoría Superior de la Federación (ASF) reportó cero observaciones en su gestión. En un área tan compleja como la educación, entregar cuentas impecables es un acto de honestidad profunda.
Su labor no termina en las oficinas. Gaby es una convencida de que la cultura y la lectura son herramientas de paz; por eso ha distribuido más de 480 mil libros y ha rehabilitado escuelas con una inversión histórica de 6 mil millones de pesos. Además, su activismo en organizaciones como MODI y PAR:ES demuestra que su lucha por la paridad y los derechos de los pueblos originarios es una convicción de vida, no una pose de campaña.
Para consolidar la transformación, se requiere a alguien con «experiencia para resolver, honestidad para conducir y cercanía para escuchar». Gaby Molina representa ese perfil: una mujer preparada, con las manos limpias y el corazón puesto en territorio. Es la garantía de que el humanismo mexicano en Michoacán seguirá caminando con paso firme, justicia social y, sobre todo, resultados que se pueden ver y tocar
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