LOS “BENDITOS” DE ALFONSO Y LA POLÍTICA SELECTIVA QUE DIVIDE A MICHOACÁN

Columna de Opinión: Tribuna Crítica; lo que nadie les dice


En la más reciente reunión del gabinete de seguridad encabezada por Omar García Harfuch con alcaldes de Michoacán, todos parecían repetir el mismo libreto: que el Plan por la Paz y la Justicia avanzaba sin problemas, que los homicidios iban a la baja y que el estado marchaba rumbo a la tranquilidad. El único que rompió el discurso oficial fue el presidente municipal de Morelia, Alfonso Martínez Alcázar.

Hay que reconocerlo, sin duda alguna, ya que fue el único alcalde que se atrevió a decir que la estrategia no estaba funcionando y que la violencia seguía golpeando a Michoacán.

Los recientes asesinatos y hechos violentos demuestran que aquella “paz” sigue siendo más un discurso político que una realidad palpable para la población.
Pero mientras Alfonso Martínez se vende como el alcalde rijoso que “dice las cosas de frente”, también construye paralelamente una campaña política disfrazada de reuniones informativas a través de su asociación “Ama Michoacán”.

Y ahí es donde comienza el verdadero problema. Porque no se puede hablar de pluralidad ni de democracia cuando desde Comunicación Social del Ayuntamiento de Morelia se opera una estrategia selectiva, elitista y despreciativa hacia medios de comunicación de distintas regiones del estado. KIKE y DIEGUÍN decidieron convertir la comunicación pública en un club privado de periodistas “bendecidos”, escogidos cuidadosamente para replicar el mensaje oficial del alcalde. El desayuno en el Holiday Inn de Uruapan fue precisamente eso: una operación política maquillada de diálogo con medios.

Lo grave no es solamente la reunión, sino el uso evidente de recursos públicos, personal institucional, vehículos oficiales, operadores de comunicación y toda una estructura gubernamental para fortalecer la imagen política de Alfonso Martínez fuera de Morelia. Porque mientras el alcalde anda recorriendo municipios promoviendo su proyecto personal rumbo al 2027, la capital michoacana sigue enfrentando problemas severos: inseguridad creciente, delitos del fuero común, colonias enteras sin agua y una ciudadanía cansada de discursos adornados con marketing político. Resulta contradictorio querer convertirse en “salvador de Michoacán” cuando ni siquiera se han resuelto plenamente los problemas básicos de Morelia.

Y todavía más delicado es el comportamiento arrogante de quienes manejan la comunicación del alcalde. Enrique Alcázar y Diego Ramírez parecen creer que el periodismo de Michoacán se puede dividir entre “útiles” y “descartables”, entre quienes sirven para inflar eventos y quienes cuestionan. Ese error político ya lo han cometido muchos antes y siempre termina igual: alejando voces, generando resentimiento y evidenciando miedo a la crítica. Porque seleccionar medios y excluir periodistas no fortalece proyectos; los debilita. Mucho menos cuando enfrente tendrán estructuras políticas más amplias, más populares y con mayor conexión social, como los moronistas y el movimiento independiente del sombrero.

Aquí conviene dejar algo claro para todos los aspirantes, coordinadores y futuros candidatos rumbo al 2027: los triunfos no se construyen únicamente con mercadotecnia, bots, desayunos exclusivos ni humo digital. El voto ciudadano no se compra con fotografías ni con transmisiones pactadas. El triunfo real se gana caminando, convenciendo y respetando a todos los sectores, incluidos los medios críticos. Porque despreciar periodistas, dividir comunicadores y operar campañas selectivas puede salir muy caro políticamente. Pónganse buzos, KIKE y DIEGUÍN Ramírez: Michoacán ya no se impresiona tan fácil con estrategias de aparador.